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Los egipcios dejaron documentos que proceden de unos cientos de años después y testimonian el principio de transferencia fonética (Jeroglíficos).Posteriormente, surgieron también sistemas ideosilábicos en el Egeo, el valle del Indo y China.Otro sistema de escritura parecido data del 1300 a.C., y se ha encontrado en la costa norte de la actual Siria, pero en este caso los caracteres de la escritura eran unas cuñas como las de la escritura cuneiforme de Mesopotamia.
El pergamino, material muy duradero, lo utilizaron los pueblos antiguos y medievales para escribir en ellos textos sagrados y literarios. Alrededor del año 200 a.C. fue sustituyendo poco a poco al papiro y aproximadamente entre los años 1200 y 1400 fue asimismo reemplazado por el papel, aunque todavía se emplea en ocasiones especiales para documentos de gran importancia y trascendencia. El pergamino y la vitela están hechos empleando un procedimiento que consiste en lavar la piel, sumergirla después en una solución de cal para quitarle el pelo, rasparla e igualarla por ambos lados y al final desgastarla por un largo periodo de tiempo con polvos de piedra pómez. El llamado papel de pergamino, invención moderna, se obtiene al sumergir el papel ordinario sin encolar en una solución de ácido En sus comienzos, en Oriente, las impresiones se conseguían oprimiendo el papel con un trozo de madera contra el bloque entintado. Los primeros impresores occidentales utilizaron prensas mecánicas de madera . Los impresores orientales que utilizaron tipos móviles los mantenían unidos con barro o con varillas a través de los tipos. La primera fundición de tipos móviles de metal se realizó en Europa hacia mediados del siglo XV; se imprimía sobre papel con una prensa. El gran logro de Gutenberg fue el desarrollo de un método que permitió fundir letras con dimensiones precisas , la fecha aproximada de dicho invento fue el año 1450, este avance en la impresión contribuyó sin duda de forma decisiva a la aceptación inmediata del libro impreso como sustituto del libro manuscrito. A los libros impresos antes de 1501 se los conoce como los incunables. Su primera obra impresa con este sistema fue la Biblia. La invención de Gutenberg fue acompañada de la fabricación del papel. En el período comprendido entre 1450 y 1500 se imprimieron más de 6.000 obras diferentes. El número de imprentas aumentó rápidamente durante esos años. A partir de allí, fueron cambiando las prensas primitivas, pasaron a automatizarse las máquinas de imprimir, así como a la par fue evolucionando la fabricación y producción de papeles . Hacia 1800, los avances en el mundo de la impresión hicieron hincapié en aumentar la velocidad. Hacia fines del S. XIX los equipos se perfeccionaron, permitiendo reducir drásticamente el tiempo necesario para componer un libro en comparación con las labores manuales. Por último, la fotografía ha venido a contribuir al desarrollo de los modernos procesos de fotomecánica. Desde los años sesenta, los avances en la fotografía y la electrónica han revolucionado la impresión. Los nuevos materiales sensibles a la luz, como las resinas de diazonio y los fotopolímeros, han creado superficies de impresión duradera por medios fotográficos y no mecánicos. Los sistemas informáticos permiten fabricar con rapidez películas para transferir imágenes a cualquier superficie de impresión. Incluso se obtienen impresiones o grabados directamente por medio de máquinas que utilizan ciertos tipos de rayo láser o agujas de diamante. Las imágenes generadas en los ordenadores o computadoras se almacenan en bases de datos y se transfieren directamente a las formas de impresión sin ningún paso intermedio. Un conjunto de inyectores de tinta, controlados por computadora, pueden generar imágenes sobre una hoja de papel en movimiento o la banda de una bobina. Las impresoras de chorro de tinta más sencillas se utilizan para imprimir información variable, como la fecha de caducidad en los envases de los alimentos o las etiquetas con la dirección en envíos postales, y a veces se instalan conectadas a los equipos de imprenta tradicionales. Las impresoras en color de chorro de tinta más complejas son capaces de generar reproducciones con calidad litográfica en muy poco tiempo. Mayor utilización va adquiriendo la impresión láser o impresora electrofotográfica que utiliza la misma tecnología que las fotocopiadoras. Tomados en conjunto, todos estos cambios han sido considerados como una revolución de la impresión y del oficio gráfico, el que ha tenido que ir actualizándose rápidamente en la última década, para no quedar relegado a los tantos oficios obsoletos que han sido desplazados por la evolución de las nuevas tecnologías. La escritura había sido inventada en Sumeria (Irak) hace 5.500 años, para contar y registrar hechos históricos, usando la escritura de símbolos cuneiformes, y fue tornándose en el elemento más importante para que el hombre se informe y se comunique. El primer alfabeto, donde las letras podían unirse para ir formando palabras lo inventaron los fenicios alrededor del 1.300 antes de Cristo. Los primeros libros se realizaron en planchas de barro que contenían caracteres o dibujos incididos con un punzón. Las primeras civilizaciones que realizaron estos documentos fueron los antiquísimos pueblos de Mesopotamia, entre ellos los sumerios y los babilonios. Con mayor semejanza a los libros actuales fueron los rollos que realizaban los egipcios, griegos y romanos, compuestos por largas tiras de papiro -un material parecido al papel que se realizaba a partir de los juncos del delta del río Nilo - y que se enrollaban alrededor de un palo de madera. El texto se escribía con una pluma también de junco, en densas columnas y por una sola cara, y se podía leer desplegando el rollo. La longitud de las láminas de papiro era muy variable. La más larga que se conoce (40,5 metros) se encuentra en el Museo Británico de Londres. Más adelante, durante el periodo
helenístico, hacia el siglo IV a. C., los libros más extensos
comenzaron a subdividirse en varios rollos, que se almacenaban juntos. Sin embargo, el copiado a mano era lento y costoso, por lo que sólo los templos y algunas personas ricas o poderosas podían poseerlos, (y hasta eran celosamente custodiados por el valor que tenían) y la mayor parte de los conocimientos se transmitían oralmente, por medio de la repetición y la memorización. Aunque los papiros eran baratos, fáciles de confeccionar y constituían una excelente superficie para la escritura, resultaban poco duraderos, muy frágiles, hasta el punto de que, en climas húmedos, se desintegraban en menos de cien años. Por esta razón, gran parte de la literatura y del resto de material escrito de la antigüedad se ha perdido de un modo irreversible. El pergamino y algunos materiales derivados de las pieles secas de animales no presentan tantos problemas.
En la Europa de comienzos de la edad media, eran los monjes quienes escribían los libros, ya fuera para otros religiosos o para los gobernantes del momento. La mayor parte de ellos contenían fragmentos de la Biblia, aunque muchos eran copias de textos de la antigüedad Estos monjes medievales se interesaron también en la elaboración de nuevos compuestos químicos para perfeccionar la fabricación de tintas, e inventaron así la llamada tinta ferrotónica, perfeccionada en el siglo XVIII, mezclando ácido gálico con sulfato de hierro.
Estos avances tecnológicos simplificaron la producción de libros, convirtiéndolos en objetos relativamente fáciles de confeccionar y, por tanto, accesibles a una parte considerable de la población. Al mismo tiempo, la alfabetización creció enormemente, quizás como resultado de los esfuerzos renacentistas por extender el conocimiento. Se comenzaron a incentivar las investigaciones para la fabricación de tintas de imprenta, y se hacían combinaciones de aceites con negro de humo.La imprenta llegó muy pronto a España, y se supone que el primer libro español se imprimió en 1471, aunque este hecho no está documentado. Se sabe que en 1472 Johann Parix imprimió el Sinodal de Aguilafuerte, que se considera hoy en día, (a falta de datos sobre otros) el primer libro impreso español. El primer libro fechado impreso en España fue Comprehensorium de Johannes Grammaticus, que salió de la imprenta valenciana de Lambert Palmart el 23 de febrero de 1475. En los siguientes años, y auspiciados por la política cultural de los Reyes Católicos, aparecerían otros muchos libros, como la primera gramática española, la Gramática Castellana del humanista Elio Antonio de Nebrija, impresa en Salamanca en 1492, y que resultaría fundamental para la fijación de nuestro idioma. Esta Gramática fue publicada en el Siglo XX por la Edición de la Junta del Centenario MCMIXLVI, Madrid, 1946, en 2 volúmenes, en la que el segundo es una reproducción del incunable, sobre la edición "princeps" de 1942, y un apéndice con reproducciones de gramáticas románicas. La prensa fue el primer instrumento usado por la imprenta, con la que se imprimía por presión. La imprenta llegó a América
algo más tarde, en 1540, año en que comenzó a funcionar la primera en México.
La edición de libros se inició en seguida y se multiplicó vertiginosamente. Los impresores renacentistas italianos del siglo XVI establecieron algunas
tradiciones que han sobrevivido hasta nuestros días. Entre ellas se encuentran,
por ejemplo, la del uso de caracteres de tipo romano e itálico, de
composiciones definidas o de portadas de cartón fino, a menudo forradas
en piel. Utilizaban también las planchas de madera y de metal para incidir en
ellas las ilustraciones y establecieron los distintos tamaños de los libros
-folio, cuarto, octavo, duodécimo, 16º, 24º y 32º. Así, la baja en el costo de
producción del papel y la introducción de la tela y la cartulina para la
confección de las portadas, de prensas cilíndricas de gran velocidad, de la
composición mecanizada de las páginas y de la reproducción fotográfica de
las imágenes han permitido el acceso a los libros a la mayor parte de los
ciudadanos occidentales. En América Latina se han desarrollado varios grandes
centros productores de libros, a través de sus editoriales más conocidas, en
Argentina, Chile, Colombia, México y Cuba. El libro, en los comienzos en piedra, arcilla, papiro o pergaminos, en los tiempos modernos en papel, y en la actualidad en formatos digitales, CD, Internet u otra forma, si su finalidad es hacer circular las palabras e ideas, reales o de ficción, sigue siendo un libro. Una característica unida al libro desde sus comienzos fue la
de la inclusión en él de imágenes, que servían, en algunos casos, como apoyo
o explicación del texto, pero que, en otros, tenían una finalidad puramente
estética. En efecto, en muchas ocasiones, el escriba que
copiaba a mano los libros incluía adornos o ilustraciones que servían para
separar distintas partes, secciones o capítulos del texto o para embellecer o
amenizar su lectura. Posteriormente, con la introducción del grabado a partir
de planchas de metal o madera, muchos autores, añadieron ilustraciones a sus libros, imágenes
que se convirtieron en algo más que meras extensiones del texto. Algunos de los
primeros y más bellos ejemplos modernos de interacción entre
texto e imagen, lo constituyen las obras del poeta, pintor y grabador inglés
William Blake.
Problemáticas actuales EL
PAPEL Y SU PODER DE CONTAMINAR El
papel y la imprenta guiaron a Europa a la salida de la edad
del oscurantismo, más o menos 50 años después de que Johannes
Gutemberg inventara la imprenta a mediados del siglo XV, se
habían publicado más de seis millones de libros de leyes,
ciencias, política y religión, exploración y poesía. El
primer papelero, según la leyenda fue Ts´Lun, quien lo creó
usando fibras de cáñamo, corteza de árbol, jirones y
pedazos de red de
pescar en el año 105 de nuestra era, quizá para satisfacer
el deseo de los calígrafos chinos de trabajar con un
material más práctico que la seda o las tiras de bambú.
Desde entonces los chinos profesan gran amor por el papel;
siglos antes de Gutemberg fueron los primeros en hacer papel
moneda, papel higiénico y libros. Incluso entre ellos existía
la prohibición de pisar
una hoja de papel que tuviera algo escrito. De
sus usos más notables a los más ordinarios, el papel es un
signo de la magia de la innovación; esta presente lo mismo
en la simpleza
de un rollo de toallas de cocina que en lo extraordinario de las exquisitas bandas para ceñir
kimonos. De papel son los
billetes que corren por las prensas de una casa de monedas
fuertemente custodiada y una caja de cartón que guarda
partes de computadora en algún almacén, la misma caja que
desechada, un indigente de la ciudad convierte en refugio
temporal. En
cuanto artículo industrial, el papel está a la par de
gigantes como el petróleo y el acero. Las monedas
fabricadas de todo el mundo producen alrededor de 300
millones de toneladas de papel al año, lo que en peso
equivale al triple del total de la producción de vehículos
automotores en el mundo. La
industria del papel ha cumplido con su deber de ciudadana
corporativa. En 1995 recicló 43.3 millones de toneladas de
papel en comparación con los 22.5 millones de toneladas de
1986. Y por años ha cumplido con las
leyes en materia de contaminación del aire y el
agua. El
negocio papelero actual difiere de la enorme producción
artesanal de papel que practicaron a lo largo de los siglos
algunas personalidades de sobrada habilidad como Sakamoto.
Los fabricantes de papel
contemporáneos emplean aún la misma fórmula que sus
antecesores aplicaron: aguas y fibra de celulosa. El papel
toma forma cuando los átomos de las fibras se enlazan con
los que están en las moléculas del agua; cuando éstas se
dejan escurrir por un bastidor sus moléculas tiran de las
fibras con tal fuerza que entre ellas se enredan y forman
nuevos lazos que crean una superficie sólida. Actualmente
Estados Unidos cuenta
con modernas y gigantescas máquinas de hacer papel, enormes
rollos, conductos y tubos que con enormes ruidos emiten
vapor. En un extremo, agua que contenía una pequeña
cantidad de pulpa de madera caía sobre una banda
transportadora, y mientras una cinta de papel del ancho de
una carretera de dos carriles se iba produciendo. El
problema se origina en el siglo XIX, cuando los papeleros
desplazaron el uso de pedazos de materia prima por el de
fibras de árbol por ser más barata y abundante. Las fibras
de los árboles están unidas por una sustancia llamada
lignina (sustancia de protección de las plantas), que con
el tiempo se oxida y hace que el papel se torne café. Hoy
en día casi todos los libros que se publican se imprimen en
papel sin componentes ácidos para que se conserve mejor. Esta
cantidad de papel termina a
veces en los tiraderos, donde ocupan más espacio que
cualquier otro tipo de desperdicios, por si esto fuera poco,
según acusaciones de los ambientalistas, la industria del
papel arrasa con los bosques
y contaminan el aire, la tierra y el agua al emitir
residuos venenosos, como las dioxinas que llegan a la cadena
alimenticia de los seres humanos mediante el consumo de
peces, aves y otras criaturas. Personas
con ideas innovadoras ya trabajan en la solución de estos
problemas, mediante el reciclaje
de papel e incluso contemplan la creación de nuevos
materiales con el papel usado para hacer de este producto un
mejor uso y menos daño para el medio ambiente. Un
ejemplo es el Laboratorio de Productos Forestales del
Servicio de Bosques Estadounidenses en Madison, los
investigadores están descubriendo nuevos usos para el
papel. Hasta ahora han conseguido combinar el periódico con
plástico usado en el laboratorio logrando producir sillas
para jardín, cubiertas de cinturones de seguridad e incluso
platos para perros. Estos
nuevos productos podrán
reducir algún día el
número de árboles talados
para obtener madera de construcción, pero no impedirán
que los bosques sean talados para obtener pulpa. Se calculan
que cada año se recolectan 283 millones de metros cúbicos de pulpa de madera para hacer productos papeleros en todo el
mundo. Material desarrollado, compilado y revisado por la educadora Nidia Cobiella (NidiaCobiella@Educar.Org)
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